viernes, 11 de junio de 2010

La experiencia Arzak



Tenía pensada una semana de vacaciones en Turquía, pero no pudo ser y decidimos cambiar de plan y, aprovechar que ya tenía pensado gastar ese dinero, cumplir un deseo que había tenido toda la vida: comer en Arzak.Un día en San Sebastián es siempre un plan estupendo. Un paseo por la parte vieja, el mercado de la bretxa, el puerto, algunas tiendas estupendas...


Siempre que voy a Donosti tengo un punto fijo, un pequeño bar cercano al mercado que se llama Goiz-Argi y que hace una exquisita brocheta de gamba. Hay muchos bares interesantes en la parte vieja y cada uno tiene sus pinchos favoritos. Este es el mio.

Tras una mañanita de paseos, compras y algún pincho nos dirigimos a Arzak, ya en el taxi la visita se convirtió en un acontecimiento, con bromas entre los taxistas para que les invitáramos a comer... En la misma puerta, nada más entrar estaba Juan Mari Arzak, la verdad es que fue emocionante verle allí al pie del cañón. Muchos cocineros mediáticos pasan mas tiempo en la tele que en su restaurante y eso creo que acaba por notarse.

El local es elegante y sobrio, sin estridencias y muy agradable. El servicio, excelente, aunque quizá debieran trabajar un poco el storytelling. Contar con un poco de gracia cada plato es fundamental cuando lo que estás comiendo es una experiencia en si mismo. Lo cierto es que todos hablaban un buen inglés ya que había bastantes extranjeros en el local.

Nuestra selección fue el menú degustación porque es la mejor forma de probar muchas cosas. Además, si algo del menú no te apetece, te lo cambian por otro de sus platos. El menú cuesta 165€ más IVA, bebidas, cafés etc... pero realmente merece la pena porque permite probar lo mejor de la casa. Hay unos entrantes fijos y luego los pescados y las carnes se eligen entre los platos del día.

El sumiller nos ayudó a elegir el vino con una buena recomendación en base a nuestros gustos. optamos por no elegir un Rioja, porque viniendo de La Rioja nos apetecía algo diferente y nos sugirió algunos vinos de Toro y algunos Ribera. Finalmente fue un Ribera, Dominio de pingus PSI 2007. Riquísimo y con una evolución muy interesante después de abrirlo. El precio de la botella fue de 50€, me pareció mñas que razonable para un vino que en tiendas ronda los 30€ ya que fue exquisito, decantado y bien servido.

El festival empezó con unos aperitivos: puding de kabrarroka con fideos finos, caldo de alubia con manzana, morcilla en tempura, bola de setas y polvo de maiz y, lo que más me gustó a pesar de su simplicidad, antxoa con fresa. Nunca pensé que un boquerón y una fresa con un toquecito de queso fresco maridara tan bien y estuviera tan rico.

El primer plato, Cromlech con foie y cebolla con té y café eran dos pequeñas montañitas crujientes con una mezcla de sabores deliciosos.

La ensalada templada de patata, bogavante y copaiba estaba deliciosa también. Soy una apasionada del bogavante y no pierdo ocasión de probarlo. Este estaba delicioso y acompañado de unos crujientes que le faban un toque excelente.

Seguimos con el huevo con temblor de tierra, delicioso, con una untuosidad y unos sabores que aún recuerdo en la boca cuando hablo de este plato.


Después llego el momento de la "marea baja" un plato de rape que era storytelling en estado puro. Es lo que más me gustó en este campo creativo que es la comida. Daba pena hasta romper el momento playa para disfrutar del pescado que estaba riquísimo como los acompañamientos en forma de bolitas de piquillo, conchitas de mejillón, corales.... hasta la arena estaba buenísma. El acompañamiento fue un espárrago blanco laminado y una cestita de papel de arroz con guisantitos frescos crudos que fueron una delicia. Siento no tener fotos mejores, pero es lo que dio de si mi iphone.

Terminaron los platos principales con un pichón con costra de Chia acompañado de una ensalada de cítricos con el muslito del mismo pichón. Me gusta pedir este tipo de aves que no suelen aparecer en las cartas habituales de los restaurantes, pero también había taco de buey, un cordero con ossobuco de patata, que estaba delicioso y otras carnes.

El momento cumbre de los postres nos hizo llorar literalmente de la emoción. El dulce lunático con una ceniza de berenjena y bombones que rompian en la boca, hidromiel y fractal fluido con su momento de servicio en el que se ve el colorante atravesar la hidromiel, el chocolate con cristales de colores... pero sobre todo, la mejor experiencia a los postres de mi vida: sopa y chocolate "entre viñedos" una sopa de frutos rojos, con un chocolate negro esferizado pero untuoso, templado y un helado de albahaca que hacían un conjunto perfecto. Sencillamente maravilloso.

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La foto no es mia, sino de The Hungry Edonist donde podéis encontrar otra mención sobre Arzak con numerosas fotos, mucho mejores que las mías.

A los cafés, una selección de chocolates igualmente deliciosos y un orujo casero, cortesía de la casa, recomendado por el sumiller.

Muchos pensarán que no merece la pena gastar este dinero en comer y quizá tengan razón, pero solo puedo decir que a mi nunca se me habían caído las lagrimas de emoción con un plato de comida. Esto es más que comer, es una experiencia.

A la salida, tuvimos la ocasión de felicitar a Juan Mari por su trabajo y el de su equipo y charlamos un ratito muy a gusto. Muchas gracias Señor Arzak. Sin duda volveré y, sobre todo, recomendaré ir.