domingo, 17 de octubre de 2010

Sicilia and twitts



Este post podía haber tenido mil títulos, uno por cada aventura vivida durante el viaje; pero este me ha parecido el más propio, ya que fue gracias a Twitter como surgió este viaje y es gracias al hashtag #siciliandtwitts donde se pueden seguir en directo las andanzas de nuestra expedición por tierras sicilianas.


El viaje comenzó con un Ryanair Madrid - Trapani a buen precio. La pega es que el avión llega muy tarde y la mayoría de los hoteles de Trapani cierran pronto, pero superamos la prueba gracias a un taxi. La noche de Trapani me sorprendió, cierto que era un viernes, pero las calles estaban llenas y había mucho ambiente en las terrazas y bares. 


A la mañana, tras un opíparo desayuno, iniciamos el recorrido en Erice, una pequeña localidad de montaña junto a Trapani con maravillosas vistas a las salinas que pueblan esta zona y al mar. La pena es que, tónica general en todo el viaje, cada vez que subíamos a alguna colina o monte, llegaba el otoño y hacía frío, lluvia y, sobre todo, niebla. 


En Erice puedes encontrarte edificios normandos, calles empedradas y un castillo, que entre la niebla daba la sensación de estar en las Highlands escocesas.


El castillo está construido sobre el antiguo templo de Venus, donde ejercían su labor las meretrices sagradas. Los normandos construyeron un castillo serio sobre los restos de lo que entendían una costumbre depravada. Ahora este castillo puede visitarte en parte y es además un hotel.


Continuamos nuestro viaje hacia Segesta para visitar el templo inacabado y el teatro griego. Llegamos casi a la hora de comer y en el aparcamiento nos dieron una octavilla con los datos de un restaurante y como llegar a el. Aquí comenzó una de nuestras mejores aventuras. Las carreteras cortadas y con baches son un clásico en Sicilia. Pareciera que toda la isla está en obras. Después de muchas vueltas, pasamos por debajo de una autopista esquivando pilares gracias a unas flechas negras que indicaban el camino adecuado y seguimos por un camino sin asfaltar dudando ya de si nos habríamos perdido de nuevo, cuando de repente un panda a toda velocidad sale de una curva delante nuestro, derrapa y se queda a diez centímetros de nuestro coche de alquiler. Momento tenso: el hombre nervioso, nosotros en silencio, se le cala el coche y por fin consigue enderezarlo y seguir el camino... 

Al final llegamos y disfrutamos de una de las mejores comidas del viaje. El lugar se llama Tenute Margana, es un agriturismo con menú a 10€ más que correcto y para llegar a este lugar en el fin del mundo hay que seguir los carteles amarillos (y esquivar los conductores suicidas y los pilares de las autopistas) pero sin duda, merece la pena.


De vuelta a Segesta, esta vez directamente y sin aventura, disfrutamos de la maravilla del teatro con su escenografía natural espectacular y del templo, con su color dorado de atardecer... hasta que la lluvia nos empujó hacia el coche camino de nuestra casa en Campofelice di Roccela, a pocos kilometros de Cefalú.


Alquilamos nuestra casita en internet. Pietro Arvilla, el casero, tiene 14 apartamentos/villas en Campofelice. Son estupendas y el es un tipo encantador que te facilita las cosas y ha estado atento a lo que necesitábamos en cada momento. La casa tenía un porche maravilloso con barbacoa que hemos aprovechado a tope gracias a las templadas temperaturas sicilianas. La única pega de la zona, los mosquitos. El precio es más que razonable para una casa de 6 personas, 300€ por cuatro noches. Merece la pena porque Cefalú está a menos de 5 minutos en coche y el enlace a las principales autopistas también es muy cercano. las casas se encuentran en segunda línea de playa, aunque la playa cercana tiene muchas piedras y es más bonita la de Gorgo Lungo, que se encuentra a un par de kilometros.


Al día siguiente visitamos el centro de la isla, La Villa Romana del Casale, con sus maravillosos mosaicos perfectamente conservados gracias a una inundación de lodo que los cubrió y resguardó para poderlos contemplar ahora. La instalación no está a la altura de la belleza de los mosaicos y es una pena no poder visitar la villa completa, pero aun así merece la pena la visita.

De allí nos fuimos a comer a Enna, nos habían recomendado subir a esta localidad, la capital de provincia más alta de Italia por su belleza, pero la niebla apenas nos dejó ver sus calles adoquinadas que eran un peligro para nuestro coche. Así que visto que no podíamos disfrutar de las vistas, nos entregamos al placer de la comida siciliana en L'Antica Hostaria, una recomendación acertadísima de la Lonely Planet.


El anciano que nos atendió disfrutaba solo de vernos comer y nosotros de sus platos caseros que eran un espectáculo. Nos dimos un festín de pappardelle con funghi porcini freschi (boletus frescos), polppetine al limone (una especie de filetes rusos envueltos en hojas de limonero) y un variado de postres: pana cotta, suflé de chocolate, semifreddo de queso, tartita de almendras y manzana.... solo la comida mereció la pena la aventura entre la niebla. Un lugar muy muy recomendable. 




Al día siguiente exploramos el sur de la isla, fuimos a Agrigento a conocer il Valle dei Tempi. Un valle amplio, paralelo al mar y lleno de restos de templos griegos entre jardines de granados, mandarinos, limoneros y olivos. Una maravilla de lugar. Imagino que en verano debe ser torrido porque en octubre incluso pasamos calor, pero el lugar es imprescindible en toda visita a Sicilia que se precie. 


La experiencia culinaria en Agrigento fue nefasta, demostrando que también en Italia se puede comer fatal, aunque no es nada que no pueda arreglar un buen helado italiano con un  café espresso o corretto.


El último día lo dedicamos a disfrutar de Cefalú. Este bonito pueblo marinero traerá buenos recuerdos a los cinéfilos que adoran Cinema Paradiso. En esta localidad se rodaron algunas de las mejores escenas de la película, en su teatro principal, junto a la entrada del casco antiguo y, sobre todo, las maravillosas escenas del cine de verano en su pintoresco puerto y en la pequeña playa vecina donde se amarran las barcas de los pescadores.


Pasear por Cefalú es también una delicia: calles empedradas, pequeñas tiendas y restaurantes, muchos de ellos con vistas al mar y grandes terrazas. En la mayoría, las vistas son mejores que la comida. No hay que perderse el precioso lavadero medieval que se esconde bajando unas escaleras desde la calle principal y tampoco el Duomo que se alza imponente con su ábside de mosaico bajo la roca que protege la ciudad por el sur y que alberga el Templo de Diana y una antigua fortaleza. Cefalú es también perfecto para un día de playa. Se alquilan dos tumbonas con sombrilla y mesita por 10€, todo con sus duchas, baños, un pequeño bar... un plan perfecto si te dejas dar un masaje en la playa (20€) que a mi, en particular, me arregló la contractura del hombro.

El broche perfecto de nuestra tarde en Cefalú fue descubrir un Wine Bar Provisional. Un novedoso concepto de establecimiento que cambia de ubicación según va encontrando locales mas adecuados o diferentes, aunque llevándose la esencia del negocio. Una vinoteca/degustación donde disfrutar de diferentes vinos y de una barra libre de aperitivos en entornos diferentes: informal para grupos, de pareja con mesitas románticas, de barra, de mesa de cuatro... todo decorado con muy buen gusto y muy poco dinero, pensado precisamente para hacer mudanzas rápidas y adaptarse a otros espacios. El local había sido anteriormente una tienda de ropa diafana, pero los rincones estaban muy bien aprovechados, la decoración contaba incluso con un antiguo cinquecento. La vinoteca tenía también un espacio gourmet y el negocio me pareció apetecible y muy facilmente exportable. ¿Alguien se anima?


Nos quedó mucho por ver, pero poco por disfrutar en unos días muy intensos. Para cualquiera que se acerque a Sicilia, un consejo, paciencia y prudencia en la carretera. Los adelantamientos en continua, los excesos de velocidad y otras imprudencias al volante son norma habitual. Cruzar Palermo es asistir al milagro de la multiplicación de los carriles y los coches... pero aún así, Sicilia merece mucho la pena. Los sicilianos son amables y muy habladores así que sin duda volveré para seguir practicando italiano y disfrutando de aperitivos junto al mar y comidas excepcionales en la montaña.