lunes, 25 de julio de 2011

Tiempo para el turismo en Grenoble

Grenoble desde la Bastilla
Esto se acaba. Los chicos del Euskaltel Euskadi han desayunado temprano. Madariaga se emocionaba cuando hablaba de lo que les esperaba en los Campos Eliseos de París, llegando con el ganador de la montaña."14 años para vivir esto" decía. En la mesa, risas y emoción. Los hemos despedido en la puerta del hotel, deseándoles mucha suerte y dándoles la enhorabuena por el gran Tour que han hecho todos y nos hemos marchado al centro de Grenoble para recuperar el día de turismo que nos robó la pérdida del enlace aéreo del viernes.


Viendo Grenoble hoy a la mañana nadie podría decir que el Tour de Francia vivió ayer en esta ciudad una etapa histórica que decidió la pelea. Nada quedaba del montaje amarillo del Village, la zona de salidas, los equipos. Hasta la señalización había desaparecido. Sin acabar la etapa ayer ya vimos mucha gente que se llevaba los carteles con el consiguiente mosqueo de los conductores de los coches de la organización.

Mercado de Grenoble
Hoy Grenoble parecía una ciudad fantasma, con tiendas, bares y restaurantes cerrados; hasta que hemos llegado a la plaza del mercado. Esta era la única zona de animación de la ciudad. Incluso una cuadrilla de italianos brindaba con champán (francés, por supuesto) a las 10 de la mañana. 

Carro de hierbas aromáticas. Mercado de Grenoble
El mercado de fruta era espectacular. Con un sistema muy organizado de "cójalo usted mismo y luego pase por caja" pero el mercado cubierto no era menos atractivo. En el interior se suceden cuidados puestos de quesos (cientos de ellos) vinos, charcutería variada, mariscos y pescados, comida biológica... Un placer para los amantes de la gastronomía. 

Teleférico de Grenoble
Después, en nuestro paseo por el centro peatonal, hemos descubierto que cada pequeña plaza albergaba puestos de verduras y quesos traídos de los pueblos cercanos. Nos han explicado como asar al horno un queso de cabra, que tenía una pinta estupenda. Y también hemos visto patatas enanas, muy demandadas por el personal, para hacer con mantequilla. 

Teleférico de Grenoble. Zona de embarque
Tras las visitas gastronómicas, hemos dirigido nuestros pasos hacia el principal atractivo de la ciudad: el teleférico. Inaugurado en 1934, une Grenoble con la Bastilla. Una zona fortificada desde la que las vistas sobre la ciudad y los Alpes son espectaculares. Cuando se inauguró tenía unas cabinas cuadradas clásicas, pero tras una remodelación en 1976 se instalaron las actuales esferas de cristal que hacen del viaje un increíble vuelo sobre el río Isère y la montaña.


En la zona de  la Bastilla, además de la fortaleza se encuentra un elegante restaurante. No hace falta comentar las vistas desde su terraza, las fotos dan fe de ello. Para los más modestos, también hay un pequeño café que ofrece pizzas y bocadillos. Junto a este café está la entrada al museo de las tropas de montaña. Pero donde más gente había era en las zonas de picnic donde algunos grenobleses disfrutaban de una comida campestre dominguera.

Teleférico de Grenoble desde la Bastilla
Tras las inevitables fotos hemos vuelto a la ciudad para comer, que el tiempo empezaba a apurarnos. Echándole mucho valor, teniendo en cuenta la temperatura, el viento y la escasa media hora que nos quedaba para volver al hotel, nos hemos sentado en una terraza, hemos disfrutado de unos crepes salados (galettes) y hemos salido corriendo hacia el autobús urbano.

Galette de patatas enanas, bacon y queso
Desde ahí, coche al aeropuerto de Lyon, tiempo para disfrutar de un delicioso café vienés con nata y de las últimas charlas antes de tomar el avión a París. En la ciudad del Sena, sólo aeropuerto. Una pena no haber vivido con el equipo el último día, el de fiesta. Nos contaron ayer que el equipo del ganador reparte champán por los coches del resto de los equipos, así que parece que la fiesta al acabar la carrera iba a ser interesante.

Café Vienés
Pero el avión ha salido sin novedad a las 8. Tras un vuelo perfecto, con un atardecer precioso, hemos llegado por fin a Bilba0 donde llovía a mares, para recordarnos la vuelta a la realidad en forma de problemas de trabajo, malas noticias personales y despedidas del grupo con la promesa de escribirnos y cambiarnos las fotos. La experiencia #toureuskaltel ha terminado, aunque creo que de alguna forma seguiré viviéndola algunos días más. 


Ahora nos queda hacer lo que decíamos ayer y que, al parecer, es la clave del éxito en ciclismo y en todo en la vida: "Trabajar y trabajar" Eso sí, con alegría, con pasión y con una pizca de suerte unido a todo ese trabajo se pueden conseguir cosas grandes como Euskaltel Euskadi este año. Gracias por la gran oportunidad de vivir esta experiencia con un equipo grande como pocos.