miércoles, 11 de abril de 2012

Escapada a Estocolmo, la ciudad del agua y los museos


Nunca había visitado los países nórdicos, pero el viaje a Estocolmo lo tenía en el debe desde el año pasado cuando descubrí el vuelo que Ryanair tiene desde Biarritz y, al final, no conseguí hacer el viaje por incompatibilidades de agenda. Así que este año, a la menor ocasión, organicé esta escapada pascual con dos amigas. El destino, todo un acierto y la compañía, aún más.


Ayuntamiento de Estocolmo
El vuelo de Ryanair sale los jueves y los domingos y llega al aeropuerto de Skavsta, un pequeño aeropuerto situado a 80 minutos del centro de Estocolmo. Hay un autobús que conecta con la ciudad. Los billetes pueden sacarse en el aeropuerto o previamente a través de internet y cuestan 28,50€ i/v. La única pega es que el vuelo de vuelta es muy temprano y obliga a dormir en el hotel cercano al aeropuerto o madrugar mucho. Nosotras optamos por esta última opción para aprovechar el tiempo en Estocolmo. Hay autobuses al aeropuerto desde las 3 a.m. pero con salir a las 4 am del centro se llega con tiempo suficiente.

Oficina de turismo de Estocolmo
Para planificar el viaje no dejéis de visitar la web oficial de turismo. Una de las mejores que he visto y también es muy bueno su canal de Facebook, con mucha información interesante. Visité la oficina de turismo (deformación profesional) y me pareció moderna, completa y muy bien organizada. En esta oficina puedes comprar la Stockholm Card. Nosotras no lo hicimos porque en nuestro caso no salía rentable, pero si tienes que usar transporte público para desplazarte y vas a ver muchos museos es una opción interesante. Otro detalle, en Estocolmo absolutamente todo el mundo habla buen inglés, entre otras cosas porque la televisión pública sueca no dobla las series y películas extranjeras, sino que las subtitula. Encontrar gente que hable español es mucho más difícil.

Plaza Stortorget
Una vez en Estocolmo y tras un fugaz paso por el hotel, nos dirigimos a Gamla Stan, el barrio viejo de la ciudad recorriendo la calle peatonal central de la ciudad, Drottninggatan, donde se encuentran las principales tiendas modernas de la ciudad, con H&M a la cabeza. La recorrimos sin pararnos, pasando por Sergels Torg, salvo para aprovechar un regalo callejero en forma de nachos con "unte" (estábamos sin comer) para aprovechar la luz y el día estupendo que hacía. Estupendo en Estocolmo en abril es que brille el sol y no llueva o nieve, pero el frío está asegurado.


Es fundamental llevar buena ropa de abrigo porque como dicen los suecos "No existe el frío, sino la ropa inadecuada". Así que bien abrigadas nos paseamos por las callejuelas de Gamla Stan, llenas de tiendas, cafés, restaurantes y bares. Allí cambiamos algo de dinero para tener coronas suecas, pero realmente es innecesario porque en todos los sitios se puede pagar con tarjeta, desde una cerveza a unas chuches. Todo el mundo paga con tarjeta y, curiosamente, todo el mundo paga lo que consume. Lo de "esta ronda la pago yo" en Estocolmo no se lleva. Incluso en las cenas de amigos, cada uno paga su parte con su tarjeta. Cuando menos llamativo.

Palacio Real 
A la entrada de Gamla Stan encontraréis el Palacio Real y el Parlamento sueco. Dos grandes edificios en la confluencia del Báltico con el lago Mälaren. Aunque el palacio tiene visita turística, era ya tarde y nuestro interés por la monarquía sueca no era mucha. Por cierto que el Palacio Real, al igual que en España se usa sólo para actos de representación ya que la familia real sueca vive en el Palacio de Drottningholm.


Gamla Stan
Volviendo a lo importante ;-) la mayoría del comercio de Gamla Stan son típicas tiendas de souvenirs, aunque algunas de ellas tienen un gusto exquisito. Hay muchas tiendas de juguetes con preciosos muñecos de trapo y los típicos caballitos rojos de madera o los alces. También es fácil encontrar gorros y jerseys de lana, en general todo tipo de prendas de abrigo. Se ve que los turistas no llegan a la ciudad bien equipados. Sin embargo, como no podía ser menos en una gastronauta, la tienda que más me llamó la atención fue Gamla Stan Konfektyr butik en Vasterlang gatan, 26. Además de los cocosbolar, unos deliciosos bocados de coco y chocolate relleno de nata, tenían un espectacular escaparate de trufas de los más variados sabores y varios tipos de caramelos artesanos. Una parada obligada.

Gamla Stan Konfektyr Butik
Cada rincón de Gamla Stan merece una foto, pero quizá el lugar más fotografiado (dejando aparte el palacio real) es la plaza Stortorget, donde se ubica el museo Nobel, pero también unas bonitas casas de estilo holandés que alojan cafés y restaurantes con pintorescas terrazas donde la gente toma una sopa o un café con sus mantitas que proporcionan los locales. Yo ni con mantita hubiera soportado el frío, pero todas las terrazas suelen tener buenas calefacciones en Estocolmo.



Gamla Stan es también un buen lugar para comer o cenar, aunque desde luego no es el barrio más barato de Estocolmo y está lleno de turistas. Den Gyldene Freden es el restaurante más antiguo de Estocolmo. Abrió sus puertas en 1722. Un ambiente muy elegante y una carta con precios en la puerta que invita a la prudencia...

Ardbeg Embassy
Optamos por una opción más acorde a nuestros bolsillos Ardbeg Embassy un restaurante especializado en whisky con comida típica sueca, como los variados de arenques, y distintas especialidades de carne de reno, alce, venado. Probé el carpaccio de venado, el solomillo de reno y el pastel de chocolate, todo buenísimo. Eso sí, el vino es prohibitivo en Suecia y la cerveza casi que también. No es difícil que el vino salga más caro que la comida. Una cena con vino para dos puede salir por unos 60€ por cabeza o más. Al final os dejarán la cuenta de la VISA con un hueco para apuntar la propina. No es necesaria, pero sí bienvenida. Con esto apuramos el jueves bien aprovechado.

Pescando frente al Palacio Real
El viernes nos saludo lloviendo a mares. Una lluvia que mientras desayunábamos opíparamente en el hotel se fue transformando en nieve, pero al más puro estilo estocolmés, le pusimos al mal tiempo buena cara y abrigadas como muñecos Michelin, con más capas que una cebolla y con los paraguas que amablemente prestaban en el hotel nos dimos un paseo por la ciudad hasta Djurgården, una isla/parque donde se acumulan un buen número de museos. Como no teníamos demasiado tiempo optamos por ver dos de los más de 80 que tiene la ciudad: El Museo Vasa y Skansen, el museo etnográfico al aire libre.

Museo Vasa
El Museo Vasa es sencillamente espectacular. Es un museo perfectamente organizado dedicado a una de las mayores "chapuzas" de la historia de Suecia. Con lo que resulta irónico y atrayente a la vez. En su interior encontraréis un auténtico galeón del siglo XVII que naufragó en el mismo puerto de Estocolmo 20 minutos después de su botadura por un defecto de diseño y delante de toda la población de la época que tenía fiesta ese día y se acercó a los muelles a ver el buque.

Museo Vasa. Popa
El barco es increíble, especialmente la popa, en la que dicen está inspirado el barco de "Piratas del Caribe" pero el museo es mucho más que eso. Perfectamente construido en pisos paralelos al propio navío a modo de cubiertas simétricas a las reales, cada sección muestra diferentes visiones en torno al diseño de barcos, la vida a bordo, el rescate del pecio, la conservación de cada pieza, los marineros... Interesante todo. Me gustó especialmente el simulador en el que debías corregir el defecto de forma del barco y ver si haciendo cambios en su estructura y carga podías comprobar si "tu barco" se iba a pique como el Vasa. Conseguí que el mío navegara, pero no es nada fácil.

Exterior del Museo Vasa
El museo abría a las 10 de la mañana y es interesante estar pronto ya que es el más visitado del país y cuando salimos, después de 2 horas de visita, la cola para entrar era enorme y además bajo la nieve. Porque, mientras disfrutábamos de la vida marinera del siglo XVII, afuera nevaba sin parar. Así que nuestra gran duda era si una visita a un museo al aire libre sería buena idea... Decidimos arriesgar porque las previsiones decían que escamparía la cosa... Las previsiones fallaron, pero la visita a Skansen bajo la nieve fue maravillosa.
Alfarero en Skansen
Skansen es una Suecia en Miniatura. Así se planificó desde el principio este museo etnográfico al aire libre situado en uno de los lugares más bellos de Estocolmo. No es casualidad que a sus pies se encuentren la mayoría de los palacios que albergan las embajadas extranjeras, incluida la española. Artur Hazelius fue el creador de esta maravilla y también del Museo Nórdico, que se encuentra en un precioso palacio cercano. Con la idea romántica y nacionalista de preservar la cultura popular sueca, amenazada por la industrialización, diseñó un museo en el que hizo traer edificios representativos de cada zona del país y les dio vida ocupando cada casa con un oficio tradicional, tiendas de ultramarinos, cafés históricos, ferreterías, granjas, molinos, una escuela e incluso una iglesia que oficia y tiene su cementerio en el que está enterrado el propio Hazelius que vivió en uno de los edificios de Skansen hasta su muerte.

Skansen (Foto de Liz Aldayturriaga)
Es un lugar realmente mágico o quizá nos lo pareció porque la nevada, que pronto cubrió todo, hizo que hubiera pocos visitantes y que tuviéramos la sensación de estar realmente paseando por un pueblo sueco de finales del XIX. Visitamos una alfarería, la panadería del pueblo, en la que olían tan bien los bollos tradicionales que horneaban, que "nos vimos obligadas" a comprar uno de ellos para probarlos. También visitamos una antigua tienda de ultramarinos, de esas que tienen de todo, desde lentejas hasta botones, pasando por curiosos conos de azúcar, que el nervioso (y guapo) dependiente, con traje de época, nos contó que tenían esa forma por el método de refinamiento que se usaba para este producto en la época y que en Suecia era un artículo de lujo traído, como las especias, de tierras muy lejanas. Estas explicaciones de los trabajadores/dependientes son, sin duda, lo más atractivo de Skansen. Cada tienda, cada rincón cobra vida gracias a su interpretación y seguramente que cada visita es diferente en función de lo que cuentan a los visitantes.


Panadería de Skansen
Nuestra siguiente parada fue una imprenta antigua. Alucinante para 3 periodistas ver un periódico con sus tipos móviles y ver cómo un abuelito, con su santa paciencia, montaba las planchas con los tipos. También aprendimos cómo se hacía el pastel de Pascua, en la recocina trasera de la ferretería, donde estaba una amable señora cocinando entre olor a mantequilla fundida. Nuestra ronda por los oficios suecos acabó en el soplador de vidrio que realizaba figuritas y jarrones a la vista de los niños y mayores que mirábamos embobados las bolas de cristal rojo que salían del horno. No permiten sacar fotos dentro de las casas, así que tendréis que ir a verlas vosotros :-)

Bollos que probamos en Skansen
Pero Skansen tiene mucho más. En la plaza central, además de un granero/tienda donde volvimos a picar (en mi caso un libro de recetas suecas en español para mi colección) se extiende un mercadillo de todo tipo de productos gastronómicos suecos, tanto para llevar, como para comer allí mismo. Resultaba muy chocante ver cómo las familias asaban sus salchichas en las barbacoas que hay habilitadas para ello bajo una nevada de impresión de esas que aquí hacen a la gente quedarse en casa. Allí se ponen buena ropa y a disfrutar. Incluso vimos como comían ricos arenques ahumados después de aprender a hacerlos en las mesas de picnic cubiertas de nieve. Todos llevaban unos tapetes de plástico para poner sobre la nieve y no mojarse... Previsores y adaptados a su clima (las únicas que llevábamos paraguas éramos nosotras)

Barbacoa bajo la nieve en Skansen
La iglesia, la escuela y las granjas son parada obligada, pero también el pequeño zoo con animales autóctonos y los edificios más nobles y ricos del parque. La parada técnica para comer puede hacerse en un elegante restaurante a la carta o en un serf service estilo Ikea donde el plato estrella son las famosas albóndigas suecas, Köttbullar, con salsa de crema y arándanos. Estaban deliciosas. También hay un par de cafés donde comer algo dulce o beber un chocolate. Merecen la pena porque son preciosos y está todo riquísimo. Lo más prescindible del parque es la zona baja en la que hay una exposición (que cobra un extra por la visita) de animales exóticos, arañas, monos y otros "bichos" tropicales.

Köttbullar en Skansen

Para volver de Djurgården al centro decidimos coger el tranvia 7, porque después de ese mismo número de horas andando no podíamos más. Aviso: hay que comprar el billete antes de subir al tranvía, pero no puedo contaros dónde, porque nos enteramos una vez estábamos dentro y no pagamos billete. Juro que es la única ilegalidad que cometimos en una ciudad donde el silencio y el orden reinan por doquier. Curioso, que no lo había comentado, el silencio que reina en esta ciudad. Las calles, los bares, los restaurantes... son silenciosos hasta resultar inquietantes. Para la cena optamos con un cercano y económico restaurante de cadena: Jensen Bofhus en Vasagatan. Correcto y más económico, sin más.



Para nuestro último día en Estocolmo dejamos el paseo por el barrio más pijo de la ciudad: Östermalm, lleno de tiendas de diseño sueco con buenas ideas. Especialmente recomendable subir por la calle peatonal Nybrogatan. Justo al atravesar la plaza (poco digna) dedicada a Ingmar Bergman, a la derecha encontraréis una panadería artesana con una pinta... En la misma acera, pero en la siguiente manzana, se encuentra la tienda Designtorget, no dejéis de entrar si os gusta el diseño sueco y las buenas ideas porque la tienda esta llena de eso mismo. Difícil salir sin picar algo. Yo compre dos bolsas que escondían tierra y semillas para plantar albahaca y violetas. Solo hay que cortar la bolsa con unas tijeras, echar la semilla y regar... a ver qué tal me sale la cosa.

Panadería artesana en Östermalm
Al final de esta calle está el mercado más exclusivo de Estocolmo, Ostermalms Saluhall, al que ya he dedicado un post para él solito porque se lo merece. Pero junto al mercado, en el mismo edificio, encontráis Bruka Design, otra tienda de diseño para el hogar que merece la pena visitar tanto por su contenido, ordenado por colores que parece un catálogo de Pantone, como por los grandes ventanales que tiene en la planta superior y que permiten ver desde arriba el mercado.

Bruka Design
Una vez que llegó el mediodía, el sol parecía que calentaba un poco más y se deshizo el hielo, nos animamos a hacer la visita en barco a Estocolmo. Es una actividad totalmente para guiris, pero muy recomendable. Durante el verano tienen más rutas, pero en invierno sólo está disponible la del canal real. El recorrido tiene locución guiada en Español y permite conocer un poco más de la historia y el paisaje de la ciudad. Dura 50minutos y el precio es de 160 coronas, unos 20€. Muy recomendable.

Disfrutando del Sol en Estocolmo
Para terminar nuestra visita a Estocolmo paseamos por el barrio de Lisbeth Salander, la protagonista de Millenium. El barrio de Södermalm dicen que es la parte bohemia de la ciudad. Desde luego las tiendas y los cafés son más baratas y se respira otro ambiente. Aunque en los últimos años se ha puesto muy de moda con la publicación de la famosa trilogía de Stieg Larson, incluso puedes descargarte un pdf en la oficina de turismo con la ruta Millenium. El Stadsmuseum que se sitúa a la entrada del barrio desde Gamla Stan ofrece visitas guiadas en inglés a los lugares que aparecen en las novelas. También tienen una visita temática sobre el mítico grupo sueco Abba. De cuando Eurovisión era una cosa seria...

Floristería en el barrio de Södermalm
De vuelta a casa, una parada técnica para cenar en Gamla Stan, en el restaurante JT  caro pero céntrico y con buenos menús de comida tradicional sueca. La tostada de gambas, un plato muy típico estaba muy buena y el salmón también.


He dejado para el final nuestro hotel en Estocolmo porque no quiero terminar sin elogiar este establecimiento. Nos alojamos en una habitación triple, espaciosa y pensada hasta el último detalle del hotel Freys, el mismo que usó el enemigo de Lisbeth Salander y Michael Blomkvist, Evert Gullberg, ex director de la Säpo. Su situación es perfecta, frente a la estación de autobuses y trenes. Tiene unos desayunos maravillosos incluidos en el precio de la habitación 150€/día la triple en Semana Santa y unos detalles fantásticos como el osito de peluche en la cama, soporte para el ordenador, plancha, cocina en la habitación, todo tipo de amenities, wifi gratis... Incluso nos prepararon algo de comer a las 3:30 de la madrugada cuando salíamos para el aeropuerto. No puedo dejar de recomendarlo si os vais a alojar en Estocolmo.


Souvenir para practicar en casa
Como veis, dos días y medio en esta ciudad puede dar para mucho, aunque nos dejamos muchos museos y visitas sin ver, tenemos la sensación de haber conocido bien la ciudad y el recuerdo que nos llevamos es maravilloso a pesar del frío y de que, entre nosotras, lo de los suecos guapos es un mito.