miércoles, 29 de agosto de 2012

Descubrir los secretos de la cocina marroquí y terminar en un Hamman de las mil y una noches

La prueba de fuego. Foto gentileza de Faim d'Epices
Los que me conocéis sabéis de mi afición por la cocina, por la gastronomía y por los viajes. Así que en el día libre que tuvimos en el viaje a Marruecos ofrecí a mis acompañantes la posibilidad de hacer un curso de cocina marroquí y terminar el día en un Hammam. Los tratamientos de spa, especialmente en países árabes son más que recomendables.



Aula de cocina. Faim d'Epices

Tras consultar mi Lonely Planet de cabecera, varias búsquedas en internet y un vistazo a Tripadvisor encontré el plan perfecto: un taller de especias, un curso de cocina y una tarde en el hammam, todo incluido gracias al acuerdo de nuestros dos anfitriones: Faim d'Epices y Mythic Oriental Spa.

Pan hecho a mano y ensaladas
Contacté con Faim d'Epices a través del mail y todo fue muy fácil, sin adelantar dinero, sólo nos pidieron el nombre del hotel en el que nos alojábamos y prometieron venir a buscarnos. Allí estuvieron puntuales el día de la cita con una minivan en la que ya habían recogido a otros participantes en la experiencia. Por cierto, que el grupo resultó muy internacional con suecos que vivían en Australia, irlandeses que vivían en Dubai... Muy exótico. La casita donde tienen la escuela está un poco apartada del centro de Marrakech, pero los viajes por carretera en Marruecos siempre son una experiencia. En menos de 20 minutos ya estábamos allí.
Michel, un crack :-)
Nos recibió Michel, un belga con parte de italiano y francés, residente en Marrakech y con una simpatía y hospitalidad digna de mención. La recepción fue mezcla de marroquí e italiana con té de menta o café expreso a elegir. El local es muy agradable, con una pequeña tienda con productos que ellos mismos fabrican y otras artesanías (a un precio mucho más razonable que en la medina, por cierto)

Taller de especias

Taller ciego gracias a las Ray Ban tuneadas
La primera actividad que realizamos requería unas Ray-Ban moradas, cuyos cristales estaban pintados de negro. Michel dirigió un simpático taller de especias en el que había que poner en juego uno de nuestros sentidos más atrofiados: el olfato. Yo, personalmente, creía tener poca memoria olfativa, aunque la práctica del juego no se me dio mal. Nos contó muchas particularidades de cada ingrediente, que iba más allá de las especias: aceites, agua de azahar, etc. Todos ingredientes indispensables de la sabrosa cocina marroquí, que se basa principalmente en amalgamar todos estos sabores de manera que ninguno prevalezca por encima de otro. La principal dificultad del juego, en muchos casos, fue saber cómo se decía el nombre de esa especia en inglés ¿Alguien sabe cómo se dice azafrán? No conseguía recordarlo ;-)

Estirar y boxear. La clave del amasado
Pan tostado en paellera
Cuando acabó el taller, un zumito de naranja y a ponernos con las manos en la masa a aprender a hacer el pan. Nuestra maestra de cocina, Nezha, es una gran profesora, que explica muy bien los pasos para hacer cada plato, pero dejando que cada uno hiciéramos lo nuestro. Además, aunque todo el curso es en inglés o francés, ella habla un poquito de español y como la mayoría de los marroquíes hizo el esfuerzo de darnos algunas indicaciones en nuestro idioma, a pesar de que la clase era en inglés.

Tajine de ternera con pera y naranja confitada
Últimos toque al Tajine
Cambian el menú cada día, por si queréis repetir durante vuestra estancia. Nosotros cocinamos el pan, 3 ensaladas diferentes (De berenjenas asadas, de tomate, pepino y pimiento y de pepino con naranja), un tajine de ternera con pera y naranja confitada y un postre típico marroquí similar a las tortitas: Msemem. Si alguno está interesado en las recetas, amablemente se las paso. Si los interesados sois muchos, decidlo y las pongo en el blog.

Ensaladas marroquíes
Tras la sesión de cocina, llegó el mejor momento, disfrutar de la comida que nosotros mismos habíamos preparado. Es un poco inmodesto decirlo, pero estaba todo delicioso. También hay que decir, siendo sincera, que Samy arregló los platos y mejoró mucho el postre añadiéndo a nuestras tortitas unos helados de exóticos sabores (Sólo consigo recordar el de argán) y unas frutas locales.

Preparando el Msemem

Msemen con helado y frutas frescas
Al final tés, cafés, recetas en un bonito envoltorio, compras de aceite de argán culinaria, limones confitados y tajines para repetir en casa y muchas sonrisas en todos los participantes. La mejor muestra de satisfacción del cliente, aunque rellenamos unas encuestas para indicar lo que nos había parecido que se podría mejorar. No encontré nada. Me pareció una experiencia perfecta y muy completa. El tema de hacerlo en otros idiomas sería la pera, pero tampoco es indispensable porque se puede seguir los pasos incluso sin entender nada de nada.

Recetas en tubo de cristal y encuestas
Y tras el trabajo, el relax. Con la misma minivan nos acercaron hasta la puerta del complemento perfecto y un ejemplo de partnership: el hammam privado Mythic Oriental Spa, un lujo de sitio en un riad totalmente restaurado, oculto entre las callejuelas de la Medina, que al abrir la puerta te transporta a un cuento de las 1001 noches. Algunos diréis que esto no es lo auténtico de verdad y es cierto. Lo auténtico es ir a los hammanes de barrio, los que usan los propios marroquíes que son los auténticos baños árabes, pero que queréis que os diga... la próxima vez. Que no tiene una la ocasión de que le mimen y le traten como a una reina todos los días.


El tratamiento clásico de un Hammam consiste en el baño turco, una sauna húmeda; el lavado con jabón negro marroquí (huele fatal pero deja la piel increíble); la exfoliación "manual" con un guante que te saca frota que te frota toda la piel muerta; una "ducha" a limpio cubo de agua y el masaje final con aceite de argán. Tras un té con dulces marroquíes crees estar levitando por aquel palacio de ensueño.


El aceite de argán ha sido el descubrimiento del viaje (junto con la gastronomía) Es una especie de "purga de Benito" con propiedades para todo, especialmente estéticas, que sale del hueso del fruto de un árbol que sólo crece en una región marroquí. Las cabras se comen el fruto y dejan los huesos que se muelen a mano hasta sacar el preciado aceite. Dicen que reduce arrugas, manchas, estrías, da fortaleza al cabello, a las uñas, deja la piel brillante y otras muchas cosas... Estoy en pleno test del medio litro que compré y hasta ahora con resultados más que satisfactorios.


El rezo del muecín para romper el ayuno nos cogió al final del tratamiento. Las chicas del Hammam se pusieron a desayunar y a nosotras nos invitó el dueño (un francés muy atractivo según opinaron algunas) a visitar la terraza donde se escondía un espacio maravilloso con un jacuzzi y una zona de relax, mientras esperábamos a que llegará el chófer que ellos mismos nos buscaron (carísismo, 10€, pero volver al hotel en Mercedes, no es como volver en taxi)


La jornada fue sencillamente perfecta. Además es digno de destacar el trabajo de marketing de Faim d'Epices (la deformación profesional me puede, lo siento) Además del excelente trato, que de por sí sería suficiente, consiguen un gran engagement con sus clientes. A la semana de volver a casa, he recibido un mail con más recetas, un diploma que acredita el curso y una colección de fotos que nos sacaron allí. Junto con una petición para que les recomendemos en Tripadvisor ¿Cómo no les vamos a recomendar? De hecho lo usaré como ejemplo de buenas prácticas en mis cursos para empresarios turísticos.


Por cierto, no penséis que me invitan a estas cosas. El coste de ambas actividades con la oferta combinada fue de 1080 Dirhams o 100€ que pagamos después del Spa. La comida, las recetas, el transporte (excepto el último taxi), las fotos y la simpatía están incluidas.