martes, 4 de septiembre de 2012

Marruecos pone a prueba todos los sentidos: Fez, Marrakech, Casablanca y Rabat. Ciudades imperiales

Un viaje a Marruecos te permite poner a prueba todos tus sentidos. Es un país vecino, pero con un aire y unas formas más cercanas al exotismo oriental de los países del Golfo Pérsico que a la vieja Europa con la que sueñan muchos de sus habitantes. Un rápido viaje en barco de una hora desde Tarifa te traslada prácticamente en el tiempo

Medina de Fez

A pesar de algunos aires de modernidad, las fábricas españolas y de otros países que se agolpan en torno al puerto franco de Tánger, y los esfuerzos del guía local por vender los avances económicos y sociales facilitados por Mohamed VI, lo cierto que el viaje a Marruecos te traslada a otro continente, a otra cultura y a otra dimensión temporal.

Butanero de Fez
Aun así, o precisamente por eso, confieso que el país me ha fascinado. No era un destino que a priori me interesara mucho y por ello creo que fui con los poros abiertos dispuesta a ver qué me ofrecía, con pocas expectativas y creo que es lo ideal porque es entonces cuando el destino te sorprende a cada paso. Marruecos es un país para vivirlo con todos los sentidos, uno por uno, y en el que incluso hay un sexto sentido que ni conocemos que se estimula para volver soñando con otra oportunidad para volver a disfrutarlo en otra ocasión. Es un viaje a la alcance de cualquiera por la proximidad y por el precio. Nosotras optamos por un circuito de Atrápalo: Ciudades Imperiales y el viaje de una semana en MP y hoteles de 4 estrellas por 360€ en pleno agosto. 


La vista

Detalle dorado del palacio real de Fez
La vista es el sentido más fácil de estimular en los viajes. En todos vemos paisajes diferentes, colores distintos. El color de las ciudades marroquíes es gris cemento, que contrasta con los vivos colores de las ropas, los puestos de las medinas y los dorados de los palacios. El campo, sin embargo, es verde intenso como el color del islam y sus monumentos religiosos.

Fez
Nuestros largos viajes por carretera en autobús nos permitieron ver los intensos contrastes que tiene el país desde los enormes barrios de protección oficial que rodean las ciudades principales (recuerdan cierta burbuja inmobiliaria sucedida más al norte) los inmensos campos de todo tipo de cultivo, la costa atlantica rica en bancos piscícolas codiciados por los vecinos europeos, pero también rica en playas casi desiertas. Al desierto y al alto Atlas no llegamos, pero lo apunto en pendiente.

Puesto de hilos multicolores. Medina de Fez
Incluso en el camino uno tiene la sensación de viajar a la vez en el espacio y en el tiempo, con paradas en ciudades como Larache, antigua colonia española, que aún conserva los cuarteles con los nombres castellanos y una básilica del Pilar en su calle principal que desemboca junto al mar en una plaza del coso circular que sin duda tenía un uso taurino en su época.

Abdul II nos lee las inscripciones de la Madraza
Nuestro paseo por las ciudades imperiales comenzó con una panóramica desde lo alto del Borj Sur, un promontorio desde el que se divisa toda la Medina de Fez, un laberinto de casas blancas y callejuelas estrechas que esconde edificios majestuosos como la Madraza (lease madrasa), el trabajo organizado en gremios de los artesanos, el palacio real y otras maravillas que recorrimos a pie siguiendo los pasos de nuestro buen guía Abdul II, simpático, ameno, instructivo y orgulloso de su tierra.

Tronos para bodas. Fez
Gremio de carpinteros. Fez
Fez regala a la vista estampas únicas en la riqueza de las puertas de su palacio, cerrado a las visitas como también lo están las mezquitas marroquíes a los no musulmanes. El paseo por los gremios artesanos permite comprobar la dificultad de la realización de los platos, las puertas y otros elementos ornamentales.

Platería ornamental. Fez 
Platería ornamental. Fez 
En la medina puedes encontrar desde un pequeño colgante de la mano de Fátima (que previene del mal de ojo y de las envidias ajenas que lo provocan) hasta un trono para una boda en la bonita calle de los carpinteros, pasando por los vendedores de alfombras o de vestidos típicos, hasta llegar al impactante gremio de los curtidores que dejaré para la sección del olfato.

El altivo gato guardián de la Madraza. Fez
Fez es la capital espiritual de Marruecos, donde se estudia y se transmite el Corán en las Madrazas y mezquitas, una ciudad con un encanto especial y anclada en otro tiempo. Por sus calles se pasean altivos gatos (los hay a miles en Marruecos) y personas sencillas con sus animales. Ya que en la Medina de Fez no pueden entrar vehículos a motor y los mulos y burros siguen siendo el principal transporte para todas las mercancías: butano, material de construcción, alimentos...

Señalización para burros en la Medina de Fez
Burros transportistas de la Medina de Fez
El mercado de comida de la medina es un espectáculo de otro tiempo, en el que es difícil fijar la vista entre las cabezas de oveja, las patas de camello o de vaca, los pollos vivos que se sacrifican bajo los mostradores y las montañas de dulces de miel y dátiles. Todo a 40º y bajo la sombra de las cañas y lonas.

Cabezas de oveja y patas de vaca. Para estómagos fuertes. Fez
De camino a Marrakech, mientras recorres carreteras llenas de ricos campos sembrados y acequias en las que se refrescan los chiquillos y lavan las mujeres te vas adentrando en las montañas del medio Atlas, para llegar a otro misterioso salto en el tiempo y el espacio.
Niños bañándose en las acequias de riego
En mitad de las montañas marroquíes se esconde un pueblo sacado de la misma Suiza, impecable, con sus tejados inclinados a dos aguas para soportar las nevadas del invierno y con una estación de esquí cercana, se trata de Ifrane, el pueblo que acoge el centro de estudios internacionales más prestigioso y caro de Marruecos, la Universidad Al Akhawayn, donde estudian las élites del país.

Jardín de la Koutubia. Marrakech
Marrakech te recibe como un oasis de palmeras. A lo lejos se divisan sus murallas rojas y los camelleros acampan en las afueras de la ciudad. Pero esta imagen rural contrasta con la sofisticación oriental de esta ciudad. El lujo está escondido en el interior de la ciudad. Las estrechas calles de la medina dan paso tras las puertas a patios con estanques, reflejos dorados en los adornos y azoteas de ensueño todo a salvo de la vista de los paseantes que no pueden flanquear esas puertas y en contraste con otros lugares menos lujosos y más pobres que conviven puerta con puerta y tampoco son perceptibles a simple vista por el turista.

Desayunando en un riad hammam. Marrakech
Fuera, a la vista de cualquiera que pasee por sus calles están los grandes monumentos: la Mezquita de la Koutubia con su minarete de 70m de alto, del s.XII que sirvió de inspiración para la Giralda y que es el edificio principal de la ciudad. Ningún edificio en Marrakech puede superar su altura. No muy lejos,  el Palacio de la Bahia, el lugar donde durante 14 años trabajaron los mejores artesanos del país para construir una casa de ensueño para el visir, su favorita (La Bahia o Bella) y sus otras 3 mujeres y más de 20 concubinas. Algunos de sus patios recuerdan enormemente a la Alhambra. 

Detalle. Palacio de la Bahia. Marrakech
La vida nocturna en Marrakech también es un atractivo para la vista. Es un lugar para mirar y ser mirado. En los bancos de las alamedas las parejas se cortejan bajo las miradas de las carabinas, normalmente hombres de la familia de la chica. Pero en los bares y discotecas el cortejo también es con las miradas y de lejos. Si quieres vivir una aventura en Marruecos hay que dominar un arte perdido en occidente, el de hablar con la mirada. 

Mezquita Hassan II. Casablanca
El resto del viaje para descubrir las ciudades imperiales nos llevó a Rabat con una breve parada en Casablanca, una ciudad que demuestra el poder motivador que tiene el cine. Todos tenemos una imagen en nuestro cerebro de esta ciudad que creemos romántica pero que no responde a la realidad. Dejando aparte su costa, llena de clubs de playa el único atractivo monumental  de la ciudad es la Mezquita que el rey Hassan II regaló al pueblo de Casablanca para ofrecerles un referente para la ciudad, aunque pagada con "donaciones" de todos los marroquíes y algunas ayudas del petrodolar. Una obra arquitectónica colosal, es la más grande de Marruecos y la 5ª del mundo, con techos deslizantes y construída totalmente sobre el oceano Atlántico en base al verículo del Corán que dice que "el trono de Dios fue construido sobre el mar". En días de Ramadán, como el que nosotros vivimos, puede llegar a labergar 120.000 fieles. 

En la Kashba de los Oudayas. Rabat
La capital de Marruecos, Rabat, es una ciudad burocrática con el palacio real rodeado de ministerios que tiene dos puntos de interés muy diferentes: la pintoresca Kashba de los Oudayas, el barrio amurallado situado en el punto más estratégico de la ciudad, con sus casas pintadas de azul y blanco y sus callejuelas que serpentean sobre el mar, y el Mausoleo de los reyes marroquíes, que reposan en una cámara modesta junto a una mezquita y con 4 guardias en la puerta mientras los observan algunos fieles de camino a la oración y miles de turistas que sienten más interés por los pintorescos guardias que por las modestas tumbas de Hassan II y su hermano que escoltan la de su padre, Mohamed V, que preside el mausoleo. 
Mausoleo de Mohamed V y Hassan II

Guardia Real
 Frente al mausoleo y la mezquita una columnata de la mezquita derribada por el terremoto de Lisboa, acompaña la vista hasta la Torre Hassan, la hermana inacabada de la Giralda de Sevilla.

Torre Hassan

El Olfato

Barrio de los curtidores. Fez
Marruecos pone a prueba también el olfato de los visitantes, para bien y para mal. Los aromas son intensos y diferentes. El aroma más impactante, esta vez para mal, es el del barrio de los Curtidores de Fez. El olor es tan fuerte que te ofrecen hojas de menta para combatirlo (no lo consiguen). Imaginad el olor característico de los bolsos de cuero marroquí multiplicado por mil. Las pieles se curten con orines y excrementos de paloma. Los colores vivos se consiguen con amapola (rojo), azafrán (amarillo) granada (morado)... Una de mis acompañantes, comentando el duro trabajo en el que los obreros se meten hasta las rodillas en los pozos, comentó que nunca volvería a poder oler el cuero marroquí sin pensar en lo sacrificado que es conseguir una de esas piezas. 


El contrapunto es el aroma de las especias y mercados. El de los dulces y turrones recién hechos, que se venden por entre las callejuelas de las medinas. Las panaderías, cercanas a los hammam para aprovechar el calor, desprenden el olor a pan recién hecho porque las mujeres llevan allí sus panes a cocer. Y los jardines, que huelen a rosas, a azahar de los naranjos y a jazmin, como los olores que tienen los aceites de masaje de los hammanes

Puesto de turrón. No se ven las abejas (a cientos)
A medio camino entre el olfato y el gusto se encuentra la ceremonia del té. El té de menta es más que una bebida en Marruecos. Es la forma de dar la bienvenida en cada casa, en cada negocio. Una manera de compartir las horas y las conversaciones de los cafés en las noches de ramadán. Cada vez que huele a té de menta sabes que hay alguien hospitalario en ese lugar. 

Té de menta

El tacto

En un país en el que tocarse demasiado no está bien visto (entre personas de diferente sexo, claro) el tacto también forma parte de los sentidos que despierta el país. Sobre todo a través de dos elementos casi sagrados y muy ligados: el hammam y el aceite de argán. 

El hammam es una costumbre y un ritual de purificación. Hombres y mujeres hacen uso de los hammanes públicos a horas diferentes (unos por la mañana y otros por la tarde) Sin embargo, los riads de Marrakech esconden algunos privados, no tan auténticos, pero mucho más exclusivos como el que nosotras tuvimos la suerte de disfrutar. El ritual es el mismo en unos y otros. En los privados unas chicas se encargan de la misma tarea que en los públicos hacen hermanas y primas (en el caso de las mujeres, que es el que conozco) 
Mythic Oriental Hammam

El ritual comienza con el intenso calor húmedo del baño turco, entre risas, cuentillos y cotilleos. Después llega el momento de probar el jabón negro marroquí, parecido a la brea tanto en el color como en el olor, pero que deja una piel estupenda. El siguiente paso es tacto, del duro. Con un guante de crin de manera mecánica se frota todo el cuerpo para arrancar la piel muerta que se ha ablandado con el baño de vapor. La "ducha" posterior se hace con cubos de bronce y jofainas de estaño. Muy divertido echarse los cubos por encima mientras se cepilla el pelo, se quitan las durezas de la piel... para pasar al tacto del suave, el masaje con aceite de argán que te deja como nueva: relajada y con una piel estupenda y brillante. 
Así se obtiene el aceite de Argán de manera tradicional
El milagroso aceite de argán es un tesoro marroquí que es bueno para todo: acné, arrugas, manchas, cabello, uñas..., según nos explicaron en la farmacia que visitamos en la medina de Marrakech. Allí nos contaron que el árbol del argán crece sólo en una zona del suroeste de Marruecos. Las semillas de sus frutos son ricos en un aceite que se usa sobre todo en cosmética por sus propiedades. Incluso vimos cómo se extrae a mano con molinos manuales. Puro tacto.

El gusto

Ensaladas marroquíes. Restaurante Marrakech (Fez)
La gastronomía marroquí es una joya basada en amalgamar de una manera perfecta cientos de pequeñas dosis de especies e ingredientes de manera que en el plato final sea casi imposible distinguirlas porque ningún sabor sobresale sobre otro.

Visitar el país en ramadán ha sido un handicap gastronómico. A mediodía todos los restaurantes cierran, incluso en las zonas turísticas, tenedlo en cuenta. Por lo que comíamos en el hotel o en restaurantes concertados por la agencia de viajes y a las noches nos sumergíamos en el disfrute de los sabores marroquíes entre la alegría de los locales que a partir del ocaso pueden romper el ayuno y disfrutar también de la comida y la bebida. 

Pescaíto frito marroquí. Larache
Además de la gran experiencia de hacer un curso de cocina en Marrakech, que ya he contado en este blog, tuvimos ocasión de probar otras delicias de la cocina marroquí. En la parada en Larache probamos un "pescaíto frito" que no tenía nada que envidiar a las freidurías andaluzas. Pero el primer contacto serio con la gastronomía marroquí, dejando aparte la comida de los hoteles, que era correcta, fue en el restaurante Marrakech de Fez.

Aperitivos. Restaurante Marrakech (Fez)
Nuestro destino inicial en la "Ville Nouvelle" de Fez, la medina ya nos avisaron que no era recomendable para cenar, era el restaurante Zagora, pero una vista a sus mesas vacías nos hizo cambiar de opinión y optar por el Marrakech, otra recomendación de la Lonely Planet. Creo que acertamos. El Marrakech es un local nuevo y coqueto con un rincón típico que está regentado por una pareja muy simpática. No hablan español, pero no fue un problema para entenderse. Probamos un menú típico marroquí con ensaladas variadas, cuscus royal, tajine de pollo y limón confitado, pastilla de pichón y dulces con té de menta. Las fotos de móvil no hacen justicia a la comida, que estaba deliciosa.

Pastilla de Pichón. Restaurante Marrakech (Fez)
Tajine de pollo con limón confitado
Restaurante Marrakech (Fez)
Cuscus Royal. Restaurante Marrakech (Fez)
Nuestra siguiente experiencia memorable fue en Marrakech. En una esquina de la plaza de Djemma el-fna se encuentra el restaurante Chez Chegrouni. Aunque el aspecto del edificio de noche echa para atrás y el ambiente del local es un poco lúgubre, las vistas desde el piso de arriba son maravillosas y la comida aún lo es más. Por eso es un lugar de lo más popular (tiene incluso una barra para comer con vistas a la plaza en la planta baja) en el que los precios siguen siendo populares. Lo que en Marrakech es mucho decir. 
La comanda se la hace uno mismo
Cuscus de cebolla, garbanzos y pasas
Tajine de pollo con pasas, almendras y cebolla
Yogurt casero. Chez Chegrouni. Marrakech
 Conseguimos una mesa en la ventana, después de ocuparla al levantarse unos clientes. Un detalle que me gustó es que nos dejaron la carta, un boli y una libreta para que apuntáramos lo que queríamos comer. En esa misma hoja nos trajeron la cuenta después de haber disfrutado de unos zumos de naranja, una pastilla (pequeña, más de aperitivo que de plato principal) cuscus viande con ternera, cebolla, pasas y garbanzos y un tajine de pollo con cebolla, pasas y almendras. De postre, yogurt casero. Todo delicioso, el yogurt sublime, por 218 dh, 21€ para dos personas. Recomendable cien por cien. 


Vistas desde la ventanas sobre la plaza.
Chez Chegrouni. Marrakech
Los restaurantes callejeros también son un buen punto para comer, especialmente los asadores y puestos de zumo de naranja de la plaza Djemma el-fna. La carne se asa al aire libre y se come entre el humillo de las brasas de cada puesto. Una especie de barraca de fiestas en mitad del bullicio.

Restaurantes callejeros de Djemaa el-Fna
Por la calle se puede comprar también pan, dátiles y frutos secos, zumo de naranja y muchas mujeres venden la pasta brick con la que se hace la pastilla, unas capas finísimas que tienen dificultad pero que las mujeres mayores bordan por la costumbre de años y la maestría aprendida de madres y abuelas.
Puesto de dátiles y otras frutas secas

Pero sólo caí en la tentación de las tiendas de dulces. No soy muy de pastas y menos de estas que son dulcísssssssimas hechas con miel y agua de azahar en mil variedades diferentes. Son para probar una a lo más dos, porque llenan mucho (no quiero ni pensar en las calorías) pero confieso que estaban deliciosas y el puesto era espectacular e irresistible.

El puesto de dulces donde piqué

El oído

Marruecos es un país de cánticos, música fascinante y susurros. El muecín llama a la oración 5 veces al día o a la ruptura del ayuno cuando anochece. Este es un momento mágico en el que se hace el silencio y la gente corre apresurada a rezar o a desayunar. El mundo se para durante 20 minutos y luego vuelve a la vida con más fuerza. Reconozco que desde mi primera visita a un país árabe, en Egipto, este canto desde los minaretes, distorsionado por los megáfonos y altavoces, me fascina.


En la Gran Mezquita Hassan II de Casablanca tuvimos la suerte de vivir la llamada a la oración de mediodía del viernes en pleno fin del Ramadán. Durante más de media hora desde el inmenso minarete se leían a dos voces pasajes del Corán, mientras miles y miles de fieles se apresuraban para llegar al rezo. Fue un momento mágico.

Las mágicas noches de Djemaa el-fna le han valido su declaración por parte de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Y vaya si lo es. Un paseo nocturno por esta plaza es el mejor espectáculo que se puede vivir en Marrakech. No os molestéis en contratar cenas con espectáculo. Una vueltita por la plaza y verás saltimbanquis, cantantes, músicos de percusión, pitonisas que leen el futuro (prohibido en el islam, pero consentido en Marrakech), encantadores de cobras, adiestradores de monos, decoradoras con henna.... "Hay que verlo para creerlo" que diría nuestro guía. Pasead y disfrutar del espectáculo, pero ¡ojo! las fotos en Marruecos tienen siempre precio.


Los susurros también forman parte de la vida en Marruecos. Hay que tener el oído fino y reconocer el idioma o las señales que los acompañan. Cuando en las noches de ramadán, cuando toda la ciudad sale a pasear puedes notar un roce y un susurro "guapa"acompañado de una mirada. Cuando "casualmente" en la misma calle te cruzas varias veces con el y siempre sucede lo mismo... descubres el misterio de los susurros marroquíes

Más allá de los sentidos...

Marrruecos, en definitiva es como su gastronomía, una amalgama de ingredientes y de sentidos que se mezclan para lograr un resultado final fascinante en la que es difícil encontrar un elemento que destaque sobre otro.

Algunas sensaciones no pueden encasillarse en un sentido solo. Un paseo por la Medina de Fez o por la plaza de Djemma el-Fna es una sucesión de estímulos y experiencias. El contacto con otro país, otra cultura, otra religion, otras formas de vida sólo deja una cosa, lo mejor y lo único que te deja viajar. El mejor souvenir que puedes traer: la increíble sensación de haber aprendido mucho y de haber vivido experiencias únicas.

NOTA: Recomendar la excelente web de Turismo de Marruecos. Una pena haberla descubierto a la vuelta porque su planteamiento de los temas es tan fascinante como el país.