miércoles, 24 de julio de 2013

De tapas por Granada durmiendo en una cueva del Sacromonte

Que Granada es un paraíso para los amantes de la tapa y la buena cerveza no lo voy a descubrir yo en este blog. Hay cientos de artículos escritos sobre la calidad y cantidad de las tapas granaínas que hacen imprescindible una visita a esta localidad andaluza para todos los gastronómadas que se precien. Me limitaré simplemente a contar mi experiencia y los lugares que yo he visitado en mi última escapada.




La visita comenzó adentrándonos en el Albaycín de camino al Sacromonte a encontrar nuestro alojamiento: Cuevas el Abanico, unas coquetas cuevas frente a los jardines del Generalife, en un lugar excepcional, con todos los servicios y unos caseros encantadores que nos ayudaron a planificar nuestra gastrovisita a la ciudad.

Las cuevas son pequeños apartamentos completamente equipados y con detalles especiales como un kit de desayuno y velitas por toda la estancia. El perfecto lugar para una escapada romántica a un precio muy razonable para su ubicación y su calidad (70€) Se puede llegar con coche hasta el camino del Sacromonte, donde suele haber sitio para aparcar y subiendo una cuesta se llega a las cuevas. Ellos os darán las indicaciones para no perderos y os pedirán los datos de matrícula para que no os multen.

Una vez ubicados... ¡a pasear! Caminar por Granada es una delicia incluso con 35º. Las calles del Albaycin son más frescas que las del centro y esconden recovecos, plazuelas, mercados, bares de tapas y teterías y tiendas de aire marroquí en la Calle Calderería. No perderse el mirador de San Nicolás, aunque a mi, particularmente, me parece más mágico por la noche.


El recorrido nos llevo, bajando bajando hasta la famosa Calle Navas, refrescada por el agua vaporizada, en esta estrecha calle se agolpan los bares de tapas, al estilo de la Laurel riojana. Aunque el truco en Granada es repetir ronda en el mismo bar. A los vascos esto nos cuesta... somos más de cambiar. Pero el festival de tapas cambiantes a cada ronda es un espectáculo. Por no hablaros de las cañas de Alhambra heladas. En el primer bar que encontraréis a la derecha desde la entrada de la plaza del Ayuntamiento, un gallego, os deleitarán con un variado repertorio de pescaitos fritos, comenzando por el cazón en adobo.


Me confieso fan incondicional del adobo. Es mi tapa favorita. Entre otras cosas porque en el norte es muy difícil de encontrar siquiera el pequeño tiburón con que se prepara este plato. Es lo primero que hago cuando bajo al sur... cazón pal cuerpo. Pero la fiesta no quedó ahí: rosada, bacalao, pollo... cada cosa con una salsita diferente y acompañada por una Alhambra en vaso helado... para quedarse a vivir, vamos. 


Pero había que seguir probando y, para no andar mucho, visita al local contiguo al otro lado de la calle. Lleno de estampitas de la Virgen de las Angustias (nos regalaron una) y con un cartel que anunciaba los días que restaban para Semana Santa. Aquí nos regalaron (literal) unos buenos calamares y una tapa de hamburguesita. Muy rico todo... pero había que seguir adelante


En un amplio bar de decoración taurina y loa a Rafael de Paula nos brindaron unas migas granaínas, unas patatas a lo pobre y un lomo guisado que no se lo salta un gitano del Sacromonte ¡Va por ustedes! Precio medio de los bares que visitamos 1,80€ por caña con tapa. Con un heladito... para la cueva a echar la siesta que la caló aprieta.


Al atardecer el Albaycín revive. Empezamos por la plaza Aliatar, donde podéis probar los típicos caracoles, bien picantes para que la Alhambra fresquita entre mejor. Las plazas que a la mañana bullían en mercadillo se transformas en relajadas terrazas como las de la Plaza Larga, donde al son de unos boleros que nos cantó un músico callejero maravillosamente nos tomamos en el Aixa (también recomendable La Porrona) otras tapas variadas: melón con jamón, pincho moruno, ensalada de tomate, albóndigas... Allí conocimos a los gastrogatos granaínos, que pasan del pan y buscan bocao. Para terminar, una visita a los Torcuatos, el de la calle del agua, recomendación de nuestro anfitrión, para acabar con un poco de queso y un taco de pollo al curry. 

Una visita al Mirador de San Nicolás acompañados de los sones de una guitarra española y un par de chavales cantando flamenco allí mismo y el día en Granada puede considerarse como perfecto. Deseando estoy de volver. Os dejo el recorrido que hicimos en este gastropaseo granadíno ¡Salud!


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