domingo, 16 de noviembre de 2014

Experiencia Foodie en Conservas Consorcio

 
El pasado viernes tuve la suerte de participar en un blog trip para chicas foodie a Santoña (Cantabria) para conocer las instalaciones de Grupo Consorcio y sus métodos de elaboración de conservas de pescado.



Desde pequeñita me ha encantado visitar fábricas y talleres, siempre he sido una niña curiosa y me gusta conocer los procesos de fabricación y elaboración de las cosas cotidianas. Así que cuando recibí la invitación, no me lo pensé y me apunté de inmediato.


La experiencia comenzó con la llega al hotel San Román de Escalante, un gran descubrimiento al que sin duda volveré, y una deliciosa cena al calor de la chimenea y de la buena conversación entre amigas con Erika, Fátima, Blanca y Belén a las que después se sumó Silvia. A veces estos viajes de bloggers unen personas en momentos mágicos de compañerismo y diversión en torno a la gastronomía y las redes sociales.


Al día siguiente, después de descansar como reinas, en sentido literal, porque las habitaciones son regias; nos dirigimos a Santoña para comenzar a conocer la historia de Consorcio. Una historia ligada con Italia, de donde procede la propietaria de la marca y un país importante también para ellos por el alto volumen de exportación de sus productos y donde, como en España, Consorcio se sitúa como una de las marcas de mayor calidad en conserva de pescado.

La visita comenzó en la zona donde elaboran la anchoa en salazón. Un trabajo manual, artesano, de mujeres detallistas y entregadas que me sorprendió enormemente. El 95% del personal de Consorcio son mujeres. No conocía el proceso de elaboración de este producto y, una vez visto el trabajo que supone, me parece incluso barato el precio al que lo encontramos en las tiendas. La tarea empieza con el bocarte, la anchoa fresca del Cantábrico. Las anchoas frescas se descabezan y limpian de tripas y se van colocando en bidones entre capas de sal. Se coloca un peso encima y se dejan reposar durante 8 meses.



Cuando concluye el tiempo de reposo en salazón, se sacan las anchoas para quitarles la piel. con sucesivos lavados en agua fría y caliente, las anchoas se liberan de la piel y el exceso de sal y entonces comienza su tratamiento manual. Se repasa a mano cada anchoa para limpiarle resto de sal o piel u se corta la parte delantera y trasera para colocarlas una a una en un paño amarillo. Estos paños pasarán después por una centrifugadora que elimina la humedad del pescado antes de proceder a su envasado. La clave de la conservación es ese equilibrio entre humedad y salazón.

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En la zona de envasado se vuelve a repasar cada anchoa, después de dividir los dos lomos y se procede a colocarlas cuidadosamente, una a una, en su envase definitivo, bien sean las latitas o los pequeños frascos de cristal que pasarán posteriormente al llenado con aceite, sellado y esterilizado; para llegar por fin a la nave de etiquetado y envasado final. Un trabajo enorme para que nosotros las disfrutemos. ¡Y vaya si las disfrutamos!


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Es un proceso tan arduo e interesante que me contaban allí que se ha puesto de moda en las bodas, además del típico cortador de jamón, llevar a una elaboradora de anchoa tradicional. Me pareció una idea genial.

De la anchoa pasamos al bonito y no os podéis imaginar el olor tan rico que tiene el bonito que utiliza Consorcio para su elaboración. Vimos cómo se seleccionaban a mano los lomos que se usan para los envases de cristal, en otro proceso realizado por mujeres que, cada día preparan entre 600 y 1000 frascos cada una, todos medidos y perfectos. También conocimos el proceso de elaboración de las latas y de la ventresca seleccionada, la parte más noble del bonito.



Acabamos la visita salivando, con hambre y dispuestas para la siguiente aventura: cocinar con los productos de Consorcio en el taller de cocina de Jesús Sánchez en el Cenador de Amos. Una experiencia estupenda que apunta al potencial que estos productos tienen para el turismo, porque al igual que yo, creo que mucha gente estaría encantada de conocer estos productos y aprovechar para comprar directamente a precios de fábrica. Yo, sin duda, volveré.

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NOTA: Para los que sois cocinillas como yo, apuntad el enlace a las recetas que Consorcio tiene en su web.