viernes, 22 de junio de 2012

Finca de los Arandinos: Hotel, bodega, spa, gastronomía y paisaje ¿Qué más se puede pedir?


Una que viaja cuando puede y por donde puede en busca de experiencias en torno al mundo del vino y la gastronomía y, en general, a la buena vida, se sorprende cuando encuentra, tan cerca de casa algo tan completo y tan especial. Se trata del Hotel Finca de los Arandinos en Entrena (La Rioja)



Reconozco que aunque conocía su apertura y tenía en pendientes esta visita, acabé allí porque mi plan A para pasar un domingo estaba cerrado por descanso semanal. Llamé con el único interés de visitar el restaurante Tierra, del que me habían hablado muy bien, y, de paso, pregunté si se podía usar el Spa sin estar alojado en el hotel. ¡Sorpresa! no sólo se puede usar, sino que tienen un programa especial para estos casos. Se llama "Pack ejecutivo relax" y vaya si es relax, porque incluye spa, homenaje gastronómico e incluso ¡¡¡siesta!!! un lujo asiático a la riojana por un precio muy razonable teniendo en cuenta la gran experiencia que ofrece (o eso me pareció a mi cuando aboné la cuenta) 


El hotel está rodeado de viñedos y olivos y cuenta con una bodega en sus instalaciones (no pude verla, así que poco os puedo contar, pero volveré) Lo que sí pude es disfrutar de una de las habitaciones diseñadas por David Delfín, muy moderna y con "sorpresas" en el diseño escondido del baño y suelos de baldosa hidráulica, todos diferentes. Los papeles pintados florales de las paredes le dan un toque muy chic. Las vistas desde la habitación son espectaculares, por cierto.



Tras una maravillosa sesión de spa  con vistas a los viñedos de la que no os pongo fotos por razones obvias (de momento no llevo iphone subacuático) Fue el momento de probar su vino blanco en un bonito rincón con una espectacular vista de los campos riojanos, antes de pasar al comedor.


El restaurante tiene un cuidado estilo. Recuerda más a nórdico que a riojano, pero resulta muy agradable. también disponen de una terraza que en los días de verano debe ser una delicia. 


El menú es estupendo, con incorporaciones diarias con productos de temporada y km. 0. Esto sí que es puramente riojano, aunque con unos toques precisos de modernidad y refinamiento que no le hacen perder autenticidad. Podéis consultarlo completo aquí, pero yo os cuento lo que tuve la suerte de probar.

El primer descubrimiento del homenaje gastronómico fue el aceite de la casa. Un delicioso aceite muy aromático que hacen ellos mismos, acompañado de un pan sobao que quitaba el sentido. Ya se que no debo, pero ¿quién puede resistirse? NOTA: Me compre una caja al salir


Para empezar nos ofrecieron un aperitivo de crema de espárragos con cuchara de merluza y cítricos. Estaba deliciosa y en época de espárragos frescos es una maravilla. La cuchara también me gustó mucho especialmente por esos tonos cítricos que le daban a la merluza un sabor muy fresco.


Esto que ven ustedes es una lata, pero de las mejores. Fue lo que más me gustó del menú. Reconozco que no es compatible con ningún tipo de dieta ni con niveles de colesterol alto, pero la papada crujiente con salsa de soja estaba de delirio. Acompañada del tinto de la propia bodega se convierte en un pecado mortal, pero ¡qué rico, señores/as! (salivo mientras escribo)


Para desengrasar un poco, una ensalada templada de pato con crujientes y unos tomates de esos que saben a tomate... Ya sé que no parece ningún mérito que los tomates sepan a tomate, pero en los tiempos que corren, no es algo fácil de encontrar.

De segundo, uno de mis platos favoritos: Bacalao Ajoarriero al estilo de la casa. Clásico y delicioso. Es lo bueno que tiene este restaurante, que permite elegir entre platos clásicos como este o propuestas más innovadoras, dentro del respeto al producto local.


Como plato fuerte y contundente del día, una presa de Joselito con crema de piquilos y ajo asado. El Joselito este estaba muy bueno, pero los ajos asados... ¡Cómo estaban los ajos asados! Untados en pan sobao y con un cristal de sal... no os cuento más


Para el momento postres decidí probar una higuera. Mi relación con los higos siempre ha sido difícil. Probablemente debido a un exceso en la niñez por la higuera que había en la huerta de mi casa en Desojo. Sin embargo el helado de higuera con gelatina de zurracapote en nada se parecía a aquello, pero me recordaba inevitablemente a mi pueblo, tanto por la higuera como, sobre todo, por el zurracapote. 


Y como colofón... un Parfait de chocolate con helado de naranja. No tengo palabras para describir lo bueno que estaba ni la textura untosa del chocolate caliente. Hay cosas que hay que probar por uno mismo.

Este es mi resumen de un día en Finca de los Arandinos (De la siesta no voy a hablar, pero la hubo). Lo bueno de dejarme cosas por ver es que tengo la excusa perfecta para volver otro día y disfrutar de una nueva jornada para poner en práctica los sentidos. Y, aunque está cerca de casa, incluso valoro un fin de semana en este paraíso del enoturismo. Y es que... ¡La Rioja Apetece!!!