sábado, 12 de enero de 2013

Jerusalem: el centro de un mundo en continuo equilibrio inestable


Una percibe que Jerusalem es un lugar especial sin pisar siquiera el primero de sus adoquines. Desde la escala de nuestro vuelo en Bruselas ya vimos que la realidad de los judíos ortodoxos, que rezaban en un  rincón de la puerta de embarque contra las cristaleras, está muy distante de la vida diaria del resto de los seres humanos, incluidos el resto de los israelíes. Por no hablar de su sentido de superioridad que les hace unos compañeros incómodos de viaje por su nula consideración.



El muro de las lamentaciones con el acceso a la explanada
Dejando esto aparte, el viaje fue estupendo, gracias a Brussels Airlines, encontramos un buen precio desde Bilbao a Tel Aviv, con escala en Bruselas. Los horarios no son lo mejor, pero el precio (unos 400€) en plena Navidad, fue muy bueno. Más cuando al entrar al avión en Bilbao nos dimos cuenta de que nuestro vuelo era en clase preferente (economy+) que tiene asientos más amplios y servicio de comida gratuito a bordo. Totalmente recomendable.

Palestinos comunistas y judios ortodoxos pasean por Jerusalem
El primer contacto con Jerusalem te hace percibir inmediatamente el equilibrio (frágil pero real) entre las tres grandes religiones monoteístas y sus culturas. Musulmanes, palestinos y cristianos de diferentes orientaciones comparten espacios vitales, pese a que los espacios religiosos y los barrios o quartieres están bien delimitados. La ciudad vieja está dividida en 4: musulmanes, judíos, armenios y cristianos. Cada uno tiene su barrio, con sus características peculiares: el caos y el bullicio musulmán, el orden y la pulcritud judía,  la tranquilidad y el silencio armenio; y , por último, la sobriedad y amalgama de los diferentes cristianos (ortodoxos, católicos, coptos...)

Barrio Cristiano
Sin embargo, a todo este ambiente religioso, le acompaña en Jerusalem un cierto ambiente bohemio. Muchos jóvenes con un aire hippie se mezclan con los judios ortodoxos con sus tirabuzones y sus sombreros, con abuelos palestinos, comunistas, con sus pañuelos de color rojo; y con las excursiones de las parroquias cristianas. Debo reconocer que toda esta mezcla me pareció fascinante.

Inicio de la Vía Dolorosa
El segundo acierto de nuestro viaje fue el alojamiento: Abraham Hostel, en la parte nueva de la ciudad, tocando a Jaffa St. No es un alojamiento para los que buscan una hotelería de gran calidad, pero sí para los que quieran tener lo necesario en la habitación (una cama cómoda, baño, ducha...) y un grandísimo ambiente para conocer gente, compartir actividades y disfrutar del destino. Tienen habitaciones comunitarias, pero también privadas. Nosotras optamos por ésta última. Sencilla, pero con todo lo que necesitábamos. El Hostel organiza muchas actividades y excursiones. Nos apuntamos a la excursión de amanecer en Masada, oasis de Ein Gedi y Mar muerto y, además, compartimos con otros huéspedes su estupenda actividad de la cena del sabbat.


Los lugares santos de cada religión son un atractivo para nativos y visitantes de todos los países. Merece la pena verlos todos: el muro de las lamentaciones, la explanada de las mezquitas, la vía dolorosa, el santo sepulcro... Encontraréis la descripción en otras guías, no me voy a extender en la parte histórica. Nosotros llevamos la Lonely planet como guía y también se hacen visitas guiadas gratuitas a la ciudad (La oficina de turismo está junto a la puerta de Jaffa) o podéis pagar el acceso a las murallas para recorrer desde arriba esta ciudad y verla con una perspectiva diferente.


El barrio judío es limpio y ordenado. Modelado en sillares de piedra y recorrido por ortodoxos y visitantes. Si paseáis por el barrio el sábado, encontraréis todo cerrado y las calles desiertas. Hay pocas tiendas en esta zona, aparte de algunas joyerías y restaurantes. Bajando unas escaleras donde se encuentra la menorah de oro del templo, pasaréis por numerosos miradores, todos apuntando al centro espiritual del barrio: el muro de las lamentaciones. 


Accesos de seguridad al muro y a la explanada de las mezquitas
El muro no siempre estuvo en el barrio judio, este antiguo muro de contención del templo de Salomón estaba cubierto en su mayoría por las casas palestinas. Los practicantes judíos se acercaban a rezar a los huecos que quedaban entre las casas y los palestinos dejaban las luces de sus viviendas encendidas durante la noche para que pudieran ver el muro. Todo esto cambió en la Guerra de los 6 días en el 67 cuando los paracaidistas israelíes tomaron Jerusalem entrando por la puerta de los leones y ocupando la zona del muro y la colina del templo. Es muy famosa la foto de los militares llorando junto al muro. Tras este suceso, se derribaron las casas que cubrían la parte occidental del muro y se abrió la gran explanada que hoy hay delante de éste. Sin embargo, la parte superior de la colina del templo (explanada de las mezquitas) se cedió a los musulmanes. Un gesto del mando del ejército israelí que aún hoy no se perdona por los ortodoxos.

Menorah del templo
El acceso al muro se realiza a través de varios puestos de seguridad con detectores de metales y scanners de rayos x para los bolsos. Todos los días tiene bastante animación la zona con turistas y  practicantes judíos venidos de todo el mundo que cantan sus salmos frente a este símbolo, pero el sábado es un día más especial. La iconografía y los ritos judíos me resultó muy extraña para ser una religión que comparte con la católica buena parte de su historia. El muro tiene una pequeña parte dedicada a las mujeres, que no tenemos acceso a la parte principal salvo desde detrás de la barrera. La zona de mujeres es más pequeña, más recogida y más silenciosa. Ellas salen de esa zona sin dar la espalda al muro, caminando hacia atrás. Los sábados se puede acceder al muro, pero no está permitido sacar fotos. Os aviso porque hay vigilantes que te llaman la atención si lo haces ya que contraviene las normas del shabat.

Momento único en el muro de las mujeres
Independientemente de la curiosidad que despierta contemplar los ritos de otra religión, para mi desconocida, pasar un rato en el muro permite asistir a momentos de recogimiento, fe y espiritualidad o energía diferente. Es difícil de expresarlo, hay que vivirlo y esto sucede en los principales centros espirituales de esta ciudad. La tradición manda dejar la petición, el lamento, la oración o el rezo escrito en un papel en las rendijas del muro. Lo hice, pero enfrentarse al papel en blanco supone un ejercicio de repasar tus valores vitales para saber qué es lo verdaderamente importante. Mi conclusión es que soy inmensamente afortunada por no tener nada importante que pedir.


El barrio cristiano es más pequeño. O quizá no, pero es que se entremezcla con el bullicioso barrio musulmán. El principal hito para los cristianos es El Santo Sepulcro, un templo sobrio, sencillo, negro por las velas de millones de peregrinos y en el que se percibe las luchas de poder de los diferentes grupos del cristianismo: católicos, coptos, ortodoxos griegos, rusos o armenios... todos pugnan por su pequeño espacio. Sin embargo, lo que prima es la fe. Al contrario que otros templos europeos majestuosos, este templo no transmite el poder de la iglesia, sino el poder de la fe de los que creen que los lugares destacados de esta iglesia son los mismos en los que Jesucristo murió.
Acceso al santo sepulcro
Desde mi visión escéptica resulta difícil de creer que el calvario estuviera a 5 metros justos de lo que hoy se venera como la tumba de Cristo... pero reconozco que no me resistí a visitarlos e incluso a tocar la piedra de los santos óleos a pesar de que la propia guía explicaba que era muy posterior a la época de Jesús.
el sol entrando en la oscura iglesia del Santo Sepulcro
Otro hito para los cristianos que visitan Jerusalem, y también para los turistas, es la Vía Dolorosa. El recorrido "real" sobre el terreno del Vía Crucis está marcado en todas sus estaciones que se inician en la cuesta que sube desde la Puerta de los Leones frente al monte de los olivos. Parece bastante improbable que el recorrido que realizó realmente Cristo fuera ese, pero, como todo lo que rodea su persona en Tierra Santa, sería algo similar. No importa. La primera estación coincide con pequeño templo con un ábside en el que puede verse en la bóveda la representación de la corona de espinas. Allí, en la iglesia completamente vacía, en el último banco, había una mujer de aspecto hindú, de rodillas y mirando al frente lloraba desconsoladamente con las manos juntas sujetando un rosario. Un momento sobrecogedor como los muchos que se viven en esta ciudad.


Recorrer la vía dolorosa permite visitar capillas y templos cristianos y, a la vez, pasear por todo el barrio musulmán. Es especialmente bullicioso el viernes, cuando suena la llamada del muecín a la oración por todos los altavoces del barrio, cientos de personas abarrotan sus calles de camino a la explanada de las mezquitas. El acceso a esta zona está limitado a los musulmanes, no intentéis entrar. El barrio musulmán es muy similar a cualquier otro zoco/medina del mundo. Repleto de tiendas de recuerdos, comida, pequeños bares...

Barrio musulmán
En la V estación, la de Simón de Cirene, encontraréis en la esquina un bar donde sentaros a tomar un zumo de granada recién exprimido, o un café. Yo tuve la suerte de compartir este rato con Guillermo Nagore, que justamente había concluido su viaje a pié desde Finisterre hasta Jerusalem reclamando una política de Estado para el Alzheimer. Su aventura "La Memoria es el Camino" merece que le echéis un vistazo.


Guillermo nos acompañó de visita al cuarto barrio de la ciudad, el armenio. Este pueblo que escapó también de un genocidio para acabar en esta tierra, es muy minoritario por lo que su barrio es muy tranquilo. En esta zona encontraréis algunos restaurantes interesantes de comida armenia que están muy bien de precio. En esta zona está el cenáculo donde se dice que se celebró la última cena y, además, como curiosidad, podréis acercaros al cementerio cristiano donde se encuentra la tumba de Oskar Schindler (el de la famosa lista) a poner una piedra sobre su tumba en señal de respeto, como hicimos nosotros.

El espino en este caso es un símbolo
El acceso al monte del templo está muy limitado a los no musulmanes. El lugar donde se levantaron los dos templos judíos de Jerusalem acoge hoy la explanada de las mezquitas y en lugar destacado la Cúpula de La Roca. Esta espectacular mezquita se construyó para competir con el Santo Sepulcro y vaya si compite. Su cúpula de oro, donación de rey Hussein de Jordania tras vender una propiedad londinense, es el símbolo de la ciudad. En su interior, solo accesible a musulmanes, se encuentra la roca. Esta piedra es lo más parecido al centro del mundo: es el lugar donde Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac (Ismael para los musulmanes), el suelo del que Yavhe cogió el barro para moldear la costilla de Adan y también el punto desde el que Mahoma ascendió a los cielos. Como dice Guillermo Nagore, en esta ciudad hay que andar con piedras en los bolsillos que se asciende a los cielos con facilidad ;-)

Mezquita de Al-Aqsa
Explanada de las mezquitas
Detalles de la Mezquita de la Roca
Este punto central que supone para varias religiones la explanada de las mezquitas acoge además la mezquita de Al Aqsa con muchas reminiscencias de las cruzadas, que identificaron este lugar como el templo de los mercaderes que Jesús destrozó por profanar la casa de su padre. Fue este lugar al que Mahoma realizó el viaje a la mezquita "mas lejana" el Isra. Dentro de la explanada se encuentra la Puerta Dorada por la que el Mesias de los judíos entrará en Jerusalem el día del juicio final. Esta puerta es la única que se encuentra tapiada desde 1541, cuando Solimán el Magnífico la dejó cerrada para impedir el acceso del Mesias. Al otro lado de la muralla se extiende el cementerio musulmán y en todo el monte de los olivos, el cementerio judío, en un intento de estar lo más cerca posible del lugar donde se celebrará ese juicio.
La puerta dorada, sagrada para los judíos
Escuela coránica al aire libre en la explanada
Todos consideran estos terrenos del templo, una zona sagrada y, por esta razón, es una zona especialmente delicada. Nuestra visita coincidió con la de un grupo de judíos que no pisaron la explanada del templo (tierra sagrada solo para sacerdotes en el Yon Kippur) pero que sí estaban visitando la Puerta Dorada rodeados de agentes armados, con cámaras y vigilados de cerca por musulmanes. La provocadora visita hace 12 años de Sharom a esta zona desató la segunda intifada, así que cualquier gesto sobre este terreno puede ser la chispa que prenda un conflicto que, como aquel, cueste más de 5000 muertos.

Acceso a la explanada de las mezquitas sobre el muro
El acceso a la explanada de las mezquitas está limitado por los israelíes para evitar conflictos. Se accede por una pasarela en un lateral del muro de las lamentaciones. Se recomienda ir muy temprano (7:30 a.m). Hay que esperar una larga cola para pasar los controles de seguridad, pero merece la pena sin duda. Los viernes y los sábados el acceso está cerrado.

Terrazas en Jaffa St.
La parte nueva de la ciudad es un lugar más alejado de la espiritualidad y centrado en el comercio y la vida civil. A pesar de que un paseo por las zonas ultraortodoxas puede trasladarte a otro mundo. En los alrededores de Jaffa st. podréis encontrar numerosas tiendas donde comprar, por ejemplo, una kippa personalizada.

En otro lateral de Jaffa encontraréis la zona de bares de Jerusalem. Muy animada y llena de terrazas donde tomar una copa y fumar una shisha. En un callejón lateral se esconden algunos de los restaurantes más recomendables, como es el caso de Barood, el restaurante sefardí del que os hablé en otro post anterior.
Mercado de Mahane Yehuda
Para los gastronómadas como yo, os recomiendo una visita al mercado de Mahane Yehuda, hacia el centro de Jaffa st., y no os marchéis de Jerusalem sin probar su comida callejera: el falafel del barrio musulman, el pan en los múltiples puestos que hay donde lo venden recién hecho y los zumos de granada o naranja que encontraréis a cada paso por la ciudad vieja.

puesto callejero de pan recién hecho
¡Shalom!